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Pablo de la Higuera

Leon_Felipe
A León Felipe,
en algún lugar del viento.

Así que era de aquí, del alto llano,
de la Castilla encinar y encaramada
a los primeros avisos de los lobos
en el viento sanabrés del altozano.

Así que era de aquí. Del viento helado y
y del azul candente,
del grito seminal de lobo herido
que llevó el viento del mar
de continente a continente.
(“Esta Vieja canción la ha escrito el Viento
…eternamente el Viento”.)

Claro. Era de aquí. Del llano, empero
ya del ancho otero
que otea el rubicón del monte,
Galicia al otro lado
y el mar, allá, en el horizonte.
(¡ »El mar,
el mar,
el mar solo otra vez, como al principio!
¡el llanto… el mar! »). Esta es la playa final
de « El Hacha”, el mar, tu mar,
encrespado castellano,
fervoroso blasfemo a fuer de humano
-“la calle del Faubourg Montmartre, de noche, un hombre de bien
sólo la puede subir rezando o blasfemando », dijo Henri Miller
en su canto de Paris tropical-
y tu verso estepario y abisal,
tu verso abrasador de sal y oro,
tu verso candeal e impío
fue divina blasfemia
y humano rezo, soberbio
y humilde desafío.

Así que eras de aquí, del mar secano,
de los primeros avisos de los lobos
en el viento sanabrés del altozano.

Y como eras de aquí,
del viento, del azul, del llano,
del precipicio del monte
y del anuncio del mar,
viste en poliédrica transparencia
el pavoroso panorama
que se extendía a este lado del viento.
Y ese día, el día antes,
rezaste y blasfemaste
la elegía española que debía estar de texto en todas las escuelas
de la patria -sí, he dicho de la patria ¿pasa algo?- en todas
las escuelas, entonces y ahora, pero que se han apresurado a
esconder en el desván con el arpa de Gustavo por la cuenta que
les tiene a todos:
« Por qué habéis dicho todos
que en España hay dos bandos
si aquí no hay más que polvo?
En España no hay bandos…
………………………..
No hay más que un hacha amarilla
que ha afilado el rencor.
Un hacha que cae siempre,
siempre,
siempre,
implacable y sin descanso
sobre cualquier humilde ligazón;
sobre dos plegarias que se funden,
sobre dos herramientas que se enlazan,
sobre dos manos que se estrechan.
La consigna es el corte…
……………………….
La voz de tus entrañas
y el grito de tus montes
es lo que dice el hacha:
‘Este es el mundo del desgaje,
de la desmembración y la discordia,
de las separaciones enemigas,
de las dicotomías incesables,
el mundo del hachazo… ¡mi mundo!
dejadme trabajar’.
Y el hacha cae ciega,
incansable y vengativa

“y se prolonga:
sobre todo lo que se congrega,
sobre la gavilla y el manojo,
sobre la espiga
y el racimo,
sobre la flor
y la raíz,
sobre el grano y la simiente,
y sobre el polvo mismo
del grano y la simiente…”

¡Qué claro lo tuviste!
como se diría después
-ah si estuvieras después… ¡El hachazo
por televisión que te perdiste!-.

Mejor así. Ya sin tantas facilidades
eras un poco exagerado
y un algo, digamos, malasaña.
Mejor así. Tu eco estío en el metal del viento…
Desde Chapultepec de México hasta el páramo alto de tu tierra
mariachis de campanas infinitas
doblan por ti, Felipe de Tábara ¡Memento!
Va por ti, León de España.

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Tábara. Torre de la iglesia

Pablo de la Higuera. Son las mismas estrellas