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Pablo de la Higuera

Qué labrador furtivo quiso arar el mar
y qué marinero en tierra soñó pipas de girasol.

Por qué se orilla el mar, se desespuma
y al fin se vuelve atrás, evanescente.
Por qué respeta escrupulosamente
el límite fijado por la Luna.

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(El rey Canuto
de Inglaterra por más señas
fracasó en su tentativa
de parar el mar.
Estas cosas no se pueden hacer con la marea baja).

Por qué, después de tanto fragor de roca and roll,
se le ve frenar sobre la playa
reptil
quelonio desmayado y licuefacto
amansada inmensidad
a la postre regresar a la atalaya
infinitesimal del cielo abstracto.

(El rey Canuto, en realidad,
quiso demostrar a sus aduladores
que un rey era sólo un rey, y el mar mar
Las cosas y las historias como son).
Sísifo de sal con puntualidad de contable,
va y viene y va y vuelve
a venir y se vuelve…
y así por la eternidad.
Curioso.
Algo que no sabemos ha debido convenirse
para que se produzca día a día ¡e incluso de noche!
un suceso tan poco razonable.
¿Qué es lo que ha pactado con la tierra
para consentir tan perpetuas concesiones?
¿En qué anfibia mesa intersindical
se negoció el modus vivendi y mareandi
entre la arena y la espuma,
la eternidad fija y la móvil,
Parménides y Heráclito,
la roca y el alga?

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Debió negociarse al milímetro salado
su avance inexorable
para obtener
antes del final anegamiento de las mieses
esta unidad esencial de barcas y de ovejas,
esta plenitud opal
a la que aún has de volver.

Pablo de la Higuera. Son las mismas estrellas