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Pablo de la Higuera

Pablo de la Higuera

Pablo de la Higuera

El camino va solo y ancho por campos de hierba.
En Castilla, en abril, el trigo es hierba,
y la cebada es hierba,
e incluso la hierba es hierba.
En Castilla en abril
hierbas mil.

(Esta Castilla de abril es una Castilla castiñeira,
agallegada,
que alguna meiga limítrofe sanabresa
tornó verdurienta y frutal
desde los montes de Verín.
Si no no se explica, pues aquí non chove,
ni siquiera miudiño
como lloviera viera Rosalia
por la banda de Laíño,
por la banda de Lestrove.
Este extraño verde castellano
debe ser un verde artificial.
Después, con el calor del verano,
Castilla recobra su color natural,
que es el color del pan).

El camino va solo y ancho por campos de trigo.
Es una mañana azul y oro, de aire quedo.
Vuela un pájaro solo, con todo el cielo para él.
O de cebada,
que no los distingues.
Que no acabas de distinguir
un campo de trigo de un campo de cebada,
ni cuando están verdes, ni cuando se ponen amarillos.
Siempre serás un señorito de mierda.
Pan de cebada debías comer.

El camino va vecino
de un rugoso ceparral
el camino -qué sorpresa
castellano-leonesa
qué cosa subliminal-
el camino pan y vino

La viña es de cepas caponas,
bajitas,
torrefactas,
lazarientas,
resurrectas.
(La resurrección se producirá después,
sencilla y milagrosamente,
como todos los años,
como todos los pinos.
Basta un diminuto diluvio de tres días
y ya está.
Este pardo arenal zamoralino
es blando y sufrido
y se empapa con poco. Sin contar
la meiga sanabresa de los montes de Verín).

Entonces,
a la vera verano,
cuando la hierba trigal y cebadal amarillee
los pardos retroncos de secano
verdecerán de hojaraldas indecibles,
los troncos nudosos,
correosos,
cenicientos,
resarmientos
de la tierra de al ladoDSC_0826
se pondrán verdes,
se encopetaran de verdencias torrenciales,
verdearán de verde de verano,
viñedal verderal de verderano,
para alborear el alborozo del vino
en los campos maduros del color del pan.


Pablo de la Higuera. Son las mismas estrellas